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Mentiras en la adolescencia

mayo 5, 2008. 3 comentarios

Ha escrito al Taller de Padres de la Fundación Belén A.B. madre de un chico de 20 años, el mayor de cinco hermanos, quien les ha estado mintiendo repetidamente durante año y medio, sobre sus notas y éxitos en sus estudios universitarios. Los padres se acaban de enterar que el joven ni siquiera se había matriculado.

¿Qué hacen? se preguntan desolados los padres

¿Pensáis que entre todos les podemos ayudar a encontrar una solución?

Algunas ideas por delante:

La adolescencia (del latín adolescere: desarollarse), no sólo es una fase en el desarrollo psíquico del individuo hacia una supuesta madurez, sino también una transformación en algo nuevo que conserva en sí algo de lo antiguo: nunca desaparece del todo la infancia, como nunca se accede a una madurez absoluta.

El ingreso en el mundo adulto exige una serie de cambios, de maduraciones en todos los niveles del ser, que desembocan en actitudes y comportamientos de madurez. La mentira puede ser la tapadera de una inmadurez.

El adolescente en medio de su desorientación y conflictos persigue objetivos íntimamente relacionados entre sí:

  • Conquista de madurez entendida como personalidad responsable.
  • Logro de la independencia emocional y económica.
  • Realización de su proyecto vital querer ser, en definitiva, persona.

Hay diversos tipos de inmadurez.

  • La inmadurez del niño es la de la persona que, sin valerse de sí misma, no percibe esta situación como problemática.
  • La inmadurez del adolescente es la de quien no sabiendo valerse por sí mismo, experimenta el deseo de hacerlo, y al intentar conseguirlo pone en marcha capacidades nuevas, es decir, inmaduras.
  • La inmadurez del adulto normalmente no es debida a una falta de experiencia ante situaciones nuevas, sino a una ausencia de esfuerzo.

Los ejemplos de mentiras durante la primera adolescencia (12-16 años) son frecuentes: “Papá, me han castigado en el colegio, pero yo no he hecho nada, ha sido Javier, quien ha roto una ventana de la clase con una piedra. Yo no he sido, te lo prometo”. Y el padre se lo cree hasta que descubre que el autor fue Javier y que le estaba mintiendo. Las mentiras ocasionales no tienen por qué ser una preocupación, pero debemos estar alerta si se convierten en un hábito. En ese caso puede ser que nuestro hijo tenga baja autoestima e inseguridad.

En el inicio de la juventud, 17-20 años, son mas infrecuentes. Por eso lo primero que es preciso conocer es la causa de la mentira. ¿Falta de valor? ¿Inseguridad? ¿Pretensión?

¿Cuántas veces nos ha mentido nuestro hijo?. A veces de forma inocente y otras veces con premeditación, los niños y los adolescentes mienten. Cuando acusamos a un niño: “eres un mentiroso”, debemos ser cautos. Porque mentir es no decir la verdad deliberadamente, con ganas de engañar, y si nuestro hijo miente no siempre lo hace con esa mala intención.

Los niños pequeños (3 a 6 años) suelen confundir la realidad con la fantasía. Por eso, cuando juegan crean un mundo casi tan real como la vida; les gusta hacer cuentos e inventar historias. En esta edad es cuando nuestro hijo nos hace cómplices de sus juegos mentirosos, pretende que participemos de su mundo, de su realidad : “hacemos como que era de noche y llovía y esto era una isla…”. Los niños crean un mundo irreal, pero su intención es totalmente inocente, no mienten con malicia.

Cuando nuestros hijos empiezan a tener mayor conciencia de la realidad (a partir de los 6 años) y se dan cuenta de que, a veces, alterando la verdad pueden conseguir ciertos beneficios, empiezan a moldear la realidad para obtener cosas, empiezan a intentar engañarnos y es ahí donde la mentira empieza a ser un peligro.

A medida que el niño va creciendo, es más fácil que recurra a mentiras interesadas (por ejemplo, para evitar responsabilidades por sus acciones). En estos casos, debemos hablar con nuestro hijo y explicarle la importancia y los beneficios de la verdad, la honradez y la confianza.

Al llegar a la adolescencia nuestros hijos descubren que las mentiras pueden considerarse aceptables en algunas situaciones, mienten para proteger su privacidad o para sentirse más libres e independientes.

¿Por qué miente mi hijo?, según Elisenda Canals Solla, Psicóloga clínica, si nuestro hijo es pequeño, es probable que sus mentiras sean parte de un juego, pura fantasía; este recurso desaparecerá a medida que vaya madurando.

Durante la adolescencia, empieza a mentir por otros motivos:

  • Exigencia: cuando exigimos y esperamos mucho de nuestros hijos, pueden mentirnos para no defraudar nuestras expectativas.
  • Imitación: nuestros hijos suelen adoptar el modelo que observan en casa así que, si observan que sus padres mienten, lo considerarán algo normal y habitual.
  • Miedo: mentir suele ser la mejor manera de evitar un castigo o una reprimenda. Sobre todo cuando nuestros hijos saben de antemano que esa va a ser nuestra actuación. Es la causa más frecuente de las mentiras de los hijos.
  • Atención: mentir para llamar la atención. Los que lo hacen por este motivo suelen relatar historias con gran entusiasmo, ya que así reciben mucha atención mientras cuentan la mentira. Les sirve para reforzar falsamente su autoestima.
  • Problemas: algunos adolescentes mienten frecuentemente para ocultar otros problemas más serios, como pueden ser: el sexo, las drogas, el alcohol o el juego. Generalmente, ocultarán dónde han estado, con quién, qué estaban haciendo o en qué se gastaron el dinero.
  • Nerviosismo: la mentira es una manera de responder a la ansiedad que padece. Oculta un problema “maquillándolo” con otro.
  • Creencia: cuando el adolescente se cree sus propias mentiras e intenta convencer también a los demás de que son verdad, puede ser un problema psicológico serio que merece atención especializada.

Nuestros hijos utilizan las mentiras como arma defensiva y a nosotros deben servirnos para detectar posibles problemas que ellos no pueden resolver por si mismos. Podemos entender que las mentiras son peculiares llamadas de auxilio que nuestros hijos nos envían “a su manera”.

¿Cómo debemos comportarnos ante las mentiras de nuestro hijo? :

  • Primero: determinar por qué miente.
  • Segundo: favorecer la comunicación familiar. Procurar que se sienta cómodo expresando lo que siente, independientemente de lo que diga, y que sea capaz de responsabilizarse libremente de sus actos.
  • Tercero: demostrarle que nuestro cariño por él es independiente de sus opiniones o actos.
  • Cuarto: ser nosotros mismos modelos claros de responsabilidad y sinceridad. No podemos decir nosotros “mentiras piadosas” o prometer cosas que no vamos a cumplir y exigir veracidad al adolescente.
  • Quinto: presentar “la verdad” como un bien a conquistar y proteger. Como una aventura vital el perseguirla. Cómo una fórmula de conseguir la libertad: “La verdad te hará libre”, decía San Pablo. Inculcándole el valor de la honestidad.

Más consejos:

  • No ridiculizarle ni exagerar nuestra reacción ante una mentira. En cualquier caso, hablar con él en privado.
  • Ser pacientes pero a la vez firmes con nuestros hijos. No ser demasiados estrictos en cosas que no son realmente importantes y explicar claramente el motivo de nuestras prohibiciones. La comprensión de las normas le facilitará el cumplimiento de las mismas y le permitirá valorar las consecuencias de su desobediencia.
  • Cuando nuestro hijo cuente la verdad, debemos felicitarle por su valentía y procurar, dentro de lo posible, relativizar su falta, y demostrándole que seguimos confiando en él. Es importante que nuestros hijos sientan que es mejor decir la verdad que mentir.

Recordar en las relaciones padres/adolescentes que:

  • Los adolescentes se encuentran con dos grandes fuentes de influencia social en su desarrollo: los amigos, que adquieren un papel fundamental en este periodo, y la familia (especialmente los padres). Hay investigaciones que demuestran que el adolescente que mantiene buenas relaciones con la familia, se adapta mejor socialmente.
  • En el periodo adolescente, igual que en la infancia, se necesita cariño, afecto y apoyo por parte de sus padres; así como también un mayor grado de comprensión y paciencia, ya que, esta sufriendo una serie de cambios en su forma de pensar y en su aspecto físico, que en un primer momento, no sabe como afrontar y por lo tanto necesita de la ayuda de los adultos.
  • Tanto el grupo de iguales, como los padres, se convierten en fuentes importantes para ofrecer apoyo social al adolescente. El grado de influencia que ofrece cada grupo social (padres/iguales) variará en función del tipo de relación actual, en función de la disponibilidad que presente cada uno de ellos y en función de la edad del joven. En relación a todo esto se observa que los adolescentes que perciben un gran apoyo por parte de sus padres se acercan más a ellos, mientras que los que reciben escasa ayuda por parte de su familia acuden más a los amigos buscando en ellos el apoyo que necesitan.
  • Los adolescentes tienen más dificultad para comunicarse con los adultos (en especial con la figura paterna) que con los iguales, ya que estos ofrecen mayor capacidad de comprensión y escucha; aunque esto no significa que no necesiten y deseen establecer diálogos y comunicaciones con los padres. Esta dificultad de comunicación explica el recurso a la mentira.
  • Cada fuente de influencia predomina en distintas áreas, así los padres influyen más sobre el adolescente en decisiones que afectan a su futuro como pueden ser: elecciones respecto a los estudios, posibles trabajos, cursos a seguir, cuestiones económicas o problemas escolares; mientras que hacen más caso a los iguales en opciones sobre el presente, sobre deseos y necesidades, como: las relaciones sociales, temas sexuales, diversiones, forma de vestir,… Por tanto las influencias de los padres y los iguales se complementan, siendo las influencias recibidas de los padres, poderosas y decisivas en el desarrollo del adolescente.

Unos consejos durante la adolescencia:

  • Hable mucho menos y escúchele mucho más.
  • No se sienta continuamente en la obligación de mostrar su desacuerdo.
  • Limite los sermones teóricos y los discursos sobre su propia juventud a uno por año… si le resultan indispensables.
  • Sonría mucho. Abrácele. Muestre su cariño gestualmente y con palabras.
  • Procure buscar temas de conversación que no sean demasiado conflictivos. Y no se preocupe: de éstos ya se encargará su hijo de sacarlos a debate.
  • Cuéntele sus cosas aunque él no le pregunte (Sus problemas de trabajo incluido. Entre otras cosas dígale la gran desilusión que su comportamiento mentiroso le ha ocasionado). No le dé miedo expresarle que tiene lagunas (él ya se ha dado cuenta). Muéstrese tal como es.
  • Exíjale mucho en muy pocas cosas.
  • Presente batalla sólo cuando se sienta con fuerzas de ganarla. No “se queme” cuando no sea estrictamente necesario.
  • No le responda nunca: “porque sí”, ni “porque soy tu padre”, ni “mientras estés en esta casa”. Razone su orden, aunque él no lo acepte. Luego calle y aguante firme.
  • Conserve su estilo de vida sin imponérselo. De hecho, para su hijo siempre será un carroza.
  • Hágale preguntas pertinentes sobre el porqué de sus ideas.
  • Muéstrele sin palabras, con el ejemplo, que Ud está bastante seguro de lo que hace. Si se siente inseguro, no actúe.
  • Busque la ayuda de alguien de su confianza ajeno a la familia con “autoridad” ganada: un maestro, un sacerdote, un amigo, un compañero.
  • Facilite que la pandilla se reúna en casa, en vez de hacerlo en cualquier otro sitio. Fije sólo las condiciones mínimas de salud y ruido indispensables, haga que se cumplan y no moleste.
  • En vez de decirle “eres un mentiroso” dígale “has dicho una mentira grande”.
  • No le de casi ningún dinero. Amárrelo corto por ahí. Es la forma de darle lo mejor.
  • Consiga que se enfrente a sí mismo: escribiendo un diario, expresando sus ideas por escrito, razonando una protesta, etc…
  • No le amenace con castigos que no pueda cumplir. Procure que la falta y el castigo sean proporcionados. No castigue “en caliente”.
  • No le humille con insultos, castigos corporales (puede salir mal parado) o comentarios burlones.
  • Use un vocabulario directo expresando sus propios sentimientos. “Estoy dolido por tu mentira. Siento miedo al futuro. Quisiera confiar en ti de nuevo…” No se vaya por las ramas. . No grite y no permita que él grite.
  • Deje de ser ingenuo: aunque los tiempos cambian y la moral se relaja, las conversaciones, imágenes, amigos, etc. que le perjudicaban a Vd. también le perjudican a él.
  • Déle responsabilidad de verdad.
  • Si no peligra su integridad -física, mental, espiritual- déjele hacer, aunque prevea que se la va a pegar.
  • En su presencia, no culpe al colegio o a los profesores.
  • Renueve el amor hacia su cónyuge.
  • Fórmese como padre de un adolescente.
  • Ni se le ocurra pensar que todo es culpa de usted. Seguro que ha cometido errores, pero piense que él tiene su libertad.
  • Vigile la televisión, la prensa, las revistas que entran en casa. Sea muy cuidadoso en este tema, aunque tenga que oír muchas protestas.
  • Practique las siguientes frases: “pues a lo mejor tienes razón”, “claro, no lo había pensado”, “esto que dices es cierto”, “acepto mi error”. Utilícelas siempre que el tema o la situación le permita renunciar a algo no demasiado importante.
  • Destierre el deseo de quedar bien ante otros matrimonios.
  • Procure convencerse de que ya no es un niño. No se contradiga diciéndole que ya es un adulto y, en cambio, siga tratándole como a un chiquillo.
  • Cada noche haga un examen de conciencia acerca de las cosas que ha hecho con respecto a su hijo. Saque propósitos concretos.
  • Hay un tipo de rebeldía sana y constructiva: la que va en contra de la mentira, la hipocresía, lo falso, lo deshonesto y lo antinatural. Sea Vd. mismo rebelde, en este sentido.

La intervención de los padres en el periodo adolescente es decisiva, la calidad de relación que establezcan con sus hijos y el tipo de disciplina que empleen con ellos, va a modular cada uno de los logros que estos consigan favoreciendo, o entorpeciendo el desarrollo del adolescente.

Recuerde la canción “Mentiras” …dice el estribillo

“Mírame, óyeme , escúchame, atiéndeme las cosas que voy a decirte

yo quiero que siempre las guardes en ti.”….

Los padres tenemos la responsabilidad de siempre ofrecer OTRA oportunidad.

Una novela por entregas: DORMIR DE MADRE

abril 4, 2006. Sin comentarios

1. “Es muy de noche. Me levanto de puntillas y me acerco a la cuna. Duerme placidamente. Le miro complacida. Suspiro y vuelvo a la cama.
¡Mi niño¡ Había soñado que no le oía respirar. No se porqué, desde que ha cumplido cuatro meses, tengo pesadillas casi todas las noches. Ahora que él ya no se despierta hasta la madrugada, voy yo, y tengo pesadillas. Y luego me cuesta volver a dormirme. Así llevo varias noches. Dice el médico que es normal, que todas las madres primerizas tenemos miedo de todo, que somos peores que un niño chico, que en todo vemos tinieblas…”
Vuelvo a leer mi cuaderno azul esta noche en que también estoy despierta. Una mas. Ya hasta casi me gusta. Doy gracias a Dios por el insomnio, así pienso que vivo más. Releo las primeras páginas y me rio recordando aquellos años, han pasado treinta y dos.
Continuará
2. Los años no se han pasado solos. Los he vivido yo. Ahora que duermo poco me acuerdo con
dolor del tiempo perdido. ¿En qué perdido? En búsquedas imposibles. Primero buscábamos un diagnóstico que nos sacara de dudas. Que nos diera respuesta. Luego ya sin etiqueta posible, todos los médicos consultados nos decian que no habían visto a ningún niño igual. Que era un caso único, rarísimo. Viajamos de doctor en doctor. Un largo caminar en busca de la causa.
Pero todos nos hacían pasar por la misma tensión, la misma espera, sentados al borde de la silla contemplabamos como cada doctor repetía las mismas pruebas. Falta un scaner…Falta una tomografía…mejor esperar a hacerle un nuevo encegalograma…vamos a repetir el análisis…A todo esto Julio cada dia era más nuestro, más cariñoso, más inutil. Si abro el cuaderno azul por sus primeras páginas me encuentro con descripciones de su primera sonrisa. “Hemos discutido mucho hoy por saber a quien había sonreido primero. Yo decía que a mí. Fernando que a él.
Hasta que nos hemos dado cuenta que se oian lloros en el cuarto de los chicos. Hemos acudido con Julito en brazos. LLoraba muy quedo tirado de espaldas en su cama Santi. Le je llenado de besos el pelo ¿qué pasa?. Se ha vuelto con una cara muy seria y nos ha mirado con ojos muy tristes: “No quiero oiros discutir nunca más, nunca más, nunca”, y mientras repetía la palabra “nunca” seguía llorando. Fernando y yo nos hemos mirado un largo rato, (¿o han sido segundos?)con sensación de culpa, no hemos dicho nada, nos hemos sentado en la cama de Santi y sin más nos hemos abrazado, en puro mogollón, los cuatro revueltos en un abrazo inmenso”.
Cierro el cuaderno azul. Me bastan los años para recordar. No se puede reñir estando con un grave problema en medio. Entonces no sabía que era más preciso que nunca mantener a flote el matrimonio. Estaba empezando la batalla contra el tiempo. Era sólo el inicio. Estabamos aún buscando un diagnóstico.
(Continuará)

Esta anotación no tiene título

marzo 28, 2006. Sin comentarios

Recetas para días obscuros:
Había pensado titular este espacio mas pomposamente: “Método para superar los días malos” o “Camino para superar el sufrimiento” o “Fórmula para superar una crisis”. Pero no existe un único método, ni un único camino, ni una única fórmula para nada en la vida. Siempre –afortunadamente- son muchas las posibilidades que se nos ofrecen por delante para salir de cualquier atolladero. Por mas que nuestro ánimo no siempre las localice acertadamente.
En común los títulos pomposos tenían la palabra “superar”. Y tampoco creo que sea la palabra adecuada, porque no se trata de pasar por encima y olvidar cuanto antes, sino de aprender de la experiencia y mejorar como persona. De eso se trata el vivir. De no vivir en vano. Y ya que las circunstancias muy a pesar nuestro nos arrastran a sufrir, por lo menos aprender. Contestaba el Martín Fierro a la pregunta ¿Se sufre mijito?: “Pero se aprende, ¡caramba!”(la verdad literaria es que no decía caramba, sino algo mas fuerte como interjección, mas sonoro y rotundo. Puesto en términos deportivos decía un entrenador de fútbol, “ya que perdéis, por lo menos no perdáis también la lección de la derrota”. Y es que las derrotas enseñan mucho. A ser modestos y a compadecer. A gozar y a esperar. También enseñan a tener miedo a la fragilidad de nuestro mundo personal.
Y puesto que no siempre se puede andar por la vida en la acera del sol, he pensado que es mejor hablar de “recetas para días obscuros” algo más casero, elaborado, cercano, más plural y más antiguo. Y sobre todo un término que podemos recopilar en forma de libro virtual y sobre todo pueda ser realizado entre todos. Invito cordialmente a quien tenga una receta, que la comparta. Somos muchos los que hemos pasado días obscuros, nunca me atrevería a llamarlos negros, porque cuando una se acerca al pozo del dolor –que en muchos casos es una sima- siempre percibe a alguien que está un poco mas abajo, mas en tinieblas. Y muchos los que hemos superado esos días. Si quieres ayudar a otros, contesta a estas preguntas : ¿Qué te ayudó a superar el sufrimiento?. ¿Quién te alivió? ¿Cómo fue que saliste del agujero? con tu propia receta. Escribe y envía tu receta a info@fundacionbelen.org y gracias.

ME. Me ayudo la lectura. Al principio no tenía fuerzas para leer, pero me forzaba a entender una página al día. Empecé con El Principito de Saint Exupery. Me decía yo, venga, sí puedes con una página. Era como tomarme una cucharada de medicina amarga, pero estaba convencida que al final la medicina me sanaría. Y así fue. Al cabo de algún tiempo –dos meses- me noté mejor, como con más fuerzas. Ya podía leer sin cansarme y enterándome una hora seguido. Seguí leyendo poesía.
Me aliviaba la presencia de mis hijos, y poco más. No soportaba la compañía familiar. Menos aún la compañía de los amigos. Creo que me quería mortificar con mi sufrimiento, en cierto modo todos nos sentimos culpables ante el dolor – al menos yo sí me sentía- y no sé bien si quería salir del rincón.
Finalmente vi la luz en una excursión por el campo un día de primavera resplandeciente.
Había pasado los siete meses más obscuros de mi vida.

Hello world!

noviembre 23, 2005. Sin comentarios

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