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Depresión Infantil

Para saber más

19/11/2015 – 22/11/2015I Curso Internacional de Psicología Clínica Infantil Granada (España)

13 de febrero de 1999
Por Victoria del Barrio
Doctora en Psicología y profesora titular de Psicología en la UNED

Victoria del Barrio es Doctora en Psicología y profesora titular de esta disciplina en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). La profesora Del Barrio ha trabajado en problemas de psicopatía infantil y evaluación desde hace muchos años, y ha estudiado los problemas especialmente de la depresión infantil. En su carrera profesional cuenta con muchas publicaciones, y asistencia a congresos nacionales e internacionales. Ha presidido la sección de Psicología Clínica y Comunitaria de la Asociación Internacional de Psicología Aplicada (IAAP) , y tiene sobre el tema específico de la depresión infantil dos libros relativamente recientes. También ha trabajado en temas como psicología y salud, ocupándose recientemente del problema del infarto de miocardio y su relación con la psicología.

Características

Lo primero que hay que señalar es que a muchas personas e incluso a profesionales y expertos muy avezados en el mundo infantil les resulta difícil admitir el hecho de que un niño pueda ser un sujeto deprimido. A todos nos violenta esta imagen, porque cuando uno piensa en un niño realmente piensa en un ser feliz, alegre, con grandes dosis de movilidad, interés, curiosidad, una fuerte motivación y una capacidad de disfrute enorme. Y eso evidentemente es un “cliché” de la niñez que responde a la mayor parte de los niños.

Afortunadamente la depresión infantil es minoritaria. Pero también es evidente que los niños tienen problemas, y que estos problemas, aunque no se extienden a la totalidad de la población infantil, afectan a un número suficiente de niños como para que nosotros como profesionales y como padres tengamos los ojos abiertos a la existencia de esa posibilidad, a reconocerla en los niños que tenemos en nuestro entorno, y sobre todo a prevenirla. Porque yo creo que el sentido que tienen todas estas comunicaciones con el público acerca de los descubrimientos o atisbos que pueda tener el mundo profesional es precisamente el poder establecer un conocimiento suficiente en el mayor número de personas que tienen ese contacto con la realidad directa y que pueden por lo tanto producir una acción beneficiosa sobre lo que es realmente la vida cotidiana y por lo tanto lo que es verdaderamente más útil.

Cuando un niño alcanza un grado de depresión importante, naturalmente la solución es acudir a un profesional. Sin embargo, cuando el niño presenta algún un atisbo de poder caer en una situación depresiva o simplemente una cierta proclividad a tener este tipo de respuesta patológica, es evidente que son las personas que les tratan todos los días, tanto los padres como los profesores, los que pueden desarrollar una labor más eficaz en su persecución. Porque los hábitos que se generan en el contacto directo y continuado de cada día son muy importantes para la vida del niño.

Voy a introducir esta charla dandoles una impresión de lo que es la complejidad del mundo infantil en relación con las distintas patologías. En este caso lo he centrado en la depresión, pero es una visión global y de conjunto que puede alertar de cuales son los factores que intervienen en la explicación de cualquier patología infantil y por lo tanto también de la depresión.

  1. Hay una serie de factores externos, que tienen que ver con los acontecimientos o el ambiente, y que en relación con la depresión, tienen mucho que ver con la muerte, la enfermedad, los cambios, los fracasos, las rupturas (estas pueden ser tanto con un amigo como de pareja, porque la niñez llega hasta la adolescencia y en ésta y cada vez más precozmente las rupturas amorosas son uno de los desencadenantes externos de un tipo de reacción patológica como puede ser la depresión). Los cambios pueden ser un desencadenante para cualquier tipo de patología infantil , pero por supuesto también para la depresión.
  2. Otros factores tienen que ver con el sujeto mismo: aspectos estrictamente genéticos, como puede ser la transmisión hereditaria de una cierta proclividad, o tipo de sistema nervioso. Otros factores como la “estructura de personalidad”, que en ocasiones subraya lo un poco más biológico como es el temperamento, y en otras los rasgos de personalidad.
    Otros a los que se da muchísima relevancia hoy en el mundo de la psicología, son los de tipo cognitivo, como son percepciones, atribuciones, creencias, valores, etc.
    Y por otra parte, unos factores que afectan al sujeto y que constituyen una parte importante de él, sin ser estrictamente una cuestión de tipo personal o mental, son: el sexo, la edad y la clase social. Son lo que se llama los demográficos, que siempre están en un lugar muy complicado porque, por ejemplo, el sexo está en un lugar que no es estrictamente biológico ni estrictamente social sino una combinación de ambos. Pero estos tres factores demográficos señalados, tienen una gran importancia en la explicación de las patologías infantiles y también en la de la depresión.
  3. Y hay unos factores entre medio, que son aquellos que modulan estos aspectos estrictamente ambientales o personales y que influyen en la interacción de estas dos grandes dimensiones de la explicación de la conducta, que son las personales y las ambientales, que hacen como de colchón o de potenciador: la familia, es uno de los amortiguadores más importantes entre el impacto que pueden producir los elementos externos dentro de un sujeto y al mismo tiempo es también un potenciador de problematicidad. La familia es como una caja de resonancia para que las cosas que suceden en el entorno del niño tengan una dimensión positiva o negativa. Es como una “placenta social”, constituye una bolsa o saco donde el niño está inmerso y mediatiza lo que ocurre en el mundo alrededor de él.

También está la comunidad o la sociedad, que interviene en el sistema de valores o en lo que también se ha llamado el “exosistema”, en donde la familia y el niño están envueltos y por lo tanto se produce una posibilitación o dificultad de los aspectos que la familia puede dar o restar en su relación con el niño.

Otros aspectos están mediando entre los factores familiares y los estrictamente personales. Les he llamado mediadores, y son los recursos y capacidades que tiene un sujeto en relación con la resolución de problemas que aparecen en su interacción con el mundo. Es la capacidad de afrontar los problemas con unos determinados recursos. Los recursos suelen ser materiales y el “afrontamiento” es personal, es una estrategia de resolución del problema. Y todo ello se acumula en la experiencia que el sujeto adquiere en su enfrentamiento con el mundo.

Las respuestas que el sujeto puede dar ante esos acontecimientos desde una determinada estructura personal y poniendo en juego esos mediadores o moduladores de esa interacción es lo que llamamos conducta que puede ser o no adecuada.

Siempre que esas respuestas tengan que ver con una reacción patológica depresiva sus características serán:

  1. Sentimientos de inferioridad y desesperanza.
  2. Indefensión.
  3. Baja autoestima.
  4. Ansiedad.
  5. Ira y agresión
  6. Problemas psicosomáticos con dificultades de sueño, comidas o quejas.

5. Agresión: Curiosamente en los niños se da, en relación con la depresión, un tipo de conducta que no es habitual en los adultos y que sin embargo es muy corriente en los niños; estos tienen muy poca capacidad de resolver sus problemas analizándolos, hablando de ellos, objetivándolos, (muchos adultos también, pero los niños especialmente) porque no tienen el bagaje mental y lingüístico como para hacer eso. Entonces resuelven sus problemas atacando. El síntoma de crear problemas de conducta es casi siempre una protesta que el niño hace en una situación de sentirse mal, pero que no sabe canalizar o no sabe expresar de otra manera más que generando problemas de conducta. Esto es muy habitual en los niños; por ejemplo, un niño sordo sólo que tiene problemas de audición, suele generar conducta disruptiva. Y es precisamente como una protesta que no es específica, es genérica y una forma fácil de manifestar disconformidad o incomodidad. Es decir, que también los niños que tienen una conducta depresiva pueden tener este tipo de conductas diametralmente opuestas a las que son lo esperable dentro de un niño deprimido. Son problemas de disciplina, agresión, droga, embarazo precoz, etc.

Síntomas para el reconocimiento de un niño con depresión

Hay que tener en cuenta que la depresión infantil afecta aproximadamante al 10% de la población de niños. Es mucho; son cifras españolas y tienen una similitud enorme con las de otros países muy distantes a nosotros como Estados Unidos, o los países nórdicos. Es decir, casi la media de la incidencia de la depresión infantil es un 10%. Si el niño es muy pequeño, las cifras son más bajas, y si es adolescente aumentan. Pero esa es la media, no son muchos pero son bastantes. Es una incidencia muy parecida a cualquier otra perturbación infantil excepto los problemas de aprendizaje, que sn mucho más numerosos.

Síntomas que afectan al mundo emocional o sentimentales:

  • Tristeza
  • Irritación
  • Anedonia: falta de disfrute de las cosas
  • Lloros
  • Falta de sentido del humor
  • Sentimientos de no ser querido
  • Autocompasión

Son todos ellos muy parecidos a los síntomas que puede generar en este area un adulto.

Cognitivos:

  • Autoevaluación negativa, es decir, falta de autoestima
  • Sentimientos de culpa
  • Sentimientos de desesperanza, es decir, no tener esperanza en el futuro
  • Dificultades de concentración
  • Indecisión
  • Ideación morbosa: un niño empieza a pensar en cosas que son tristes, malas, por ejemplo en su propio entierro, en que se mueren sus padres. Los niños tienen ideación morbosa como la tenemos los adultos en ocasiones, y los niños deprimidos en una proporción muy alta.

En el mundo motivacional:

  • Rechazo social
  • Aislamiento
  • Ideación suicida (que podría estar perfectamente en síntomas cognitivos, está en motivacionales porque se considera que son también una falta de motivación para la vida, pero es una ubicación -toda taxonomía tiene sus problemas-)
  • Descenso académico (que también podría estar en cognitivos), pero este, que se da no en todos pero en muchos niños deprimidos, no se debe a problemas cognitivos (aunque la falta de concentración podría ser una explicación), pero la mayor parte de las veces es por falta de motivación. Es decir el niño no quiere estudiar porque no necesita quedar bien, porque no necesita las notas, porque le da igual hacerlo bien o mal y no tiene motivación para el esfuerzo.

Síntomas de tipo vegetativo:

  • Fatiga
  • Ausencia de apetito o mucho apetito (siempre se da en los dos extremos)
  • Variaciones en el peso (que tienen que ver con el apetito)
  • Variaciones en el sueño (que pueden ser para más y para menos, la mayor parte de las veces es problemas de conciliación y despertamientos, pero no necesariamente, también puede ser más sueño de lo habitual)
  • Dolores que no tienen ningún origen somático, sino que son psicosomáticos.
  • Agitación o ralentización motora.

Todos los síntomas de tipo físico suponen una alteración de lo que es habitual en el niño, o hay una subida o una bajada en las tasas normales de peso, apetito, actividad motora, etc.

Estos son los síntomas de la depresión infantil, y ustedes podrán reconocer a los niños deprimidos porque presentan, no todos, porque nadie cumple todos y cada uno de estos elementos, pero sí muchos de ellos. Siempre habrá, por lo menos, dos: uno es la tristeza, la falta de alegría, y otro es la falta de disfrute de las cosas. Y en los niños se nota bastante ese cambio, cuando naturalmente aparece en momentos de su vida (hay niños que presentan unas depresiones muy precoces, y que es muy difícil compararlos con momentos anteriores). La depresión infantil, aunque parezca mentira, puede darse a partir de los nueve meses, e incluso desde los seis meses. Hay algunos casos muy minoritarios, sobre todo en relación con la desaparición de la madre. El creador del concepto de depresión infantil Spitz precisamente la descubrió en niños de esta edad.

Realmente la depresión se produce en cualquier etapa de la vida del niño, pero a medida que éste va creciendo se da con más frecuencia.

Causas de la depresión infantil

Vamos a ver qué explicaciones se dan acerca de por qué hay depresión infantil. Aparte de ese esquema señalado de cierta predisposición del sujeto o por acontecimientos en el mundo ambiental, también están las explicaciones teóricas que se dan acerca de la aparición de la depresión en el niño. Cada escuela psicológica tiene una interpretación diferente de las causas por las cuales se produce en adultos y en niños (porque en esto los niños tienen leves diferencias respecto de los adultos, pero se parecen bastante). Las razones teóricas explicativas son las mismas para ambos.

En el psicoanálisis la causa de la depresión es la pérdida de la autoestima: Según Freud, es la pérdida de la admiración o de la estima del “yo”. En la más pura ortodoxia psicoanalítica, la depresión en el niño no se puede dar, porque el niño no tiene constituído su “yo” realmente hasta la adolescencia, así que no se puede perder la estima de una cosa que no se tiene. Por lo tanto, durante muchísimo tiempo los psicoanalistas han negado la posibilidad de la existencia de la depresión infantil por razones teóricas. Pero sin embargo Spitz que era precisamente psicoanalista, y que fue el creador del concepto de la depresión, afirmó que sí existía, porque lo que se pierde es el “objeto bueno”. Esa es la razón por la que el niño tiene una sensación de carencia, de pérdida no del “yo”, sino de ese “objeto bueno” que es la madre. Y eso es lo que le produce la depresión.

En la psicología conductista la causa de la depresión es la ausencia de refuerzos: Para esta escuela, la depresión se produce estrictamente por esta causa. La vida tiene una serie de actividades que producen contento, y si esas actividades no se llevan a cabo u otros no producen sentimientos positivos sobre nosotros, entonces aparece la depresión. Hay otros expertos, como Levinson, que matizan el por qué de esta falta de refuerzos: el sujeto no tiene suficientes habilidades, y entonces no se refuerza. Por ejemplo, un niño que no tiene habilidades en la escuela, no encuentra refuerzo en el trabajo escolar; un niño que no tiene habilidades sociales no encuentra satisfacción en la interacción social, etc. Y naturalmente también influye que haya en el entorno acontecimientos negativos que no solamente no producen refuerzos, sino que producen disgustos, y éstos serían acumulativamente una explicación para la aparición de la depresión.

Teorías cognitivas: Para este tipo de especialistas, la depresión no se produce por lo que sucede fuera, porque se dan pocos refuerzos o escasa gratificación o muchos acontecimientos negativos, sino que se produce por lo que pasa dentro: por lo que el sujeto piensa o imagina, por lo que dice o valora. Si una persona dice “yo soy un desastre, no sirvo para nada, no puedo hacerlo, no tengo amigos…” esas atribuciones negativas son las responsables de la aparición de la depresión.

Teorías biologistas: Explican la aparición de la depresión por genes que tienen un papel en el desarreglo en la producción de los elementos bioquímicos, que están en la base de la explicación biológica de la depresión. La herencia de un sistema neuroendocrino defectuoso sería la explicación biológica de la aparición de la depresión. Esta idea se ha consolidado por el hecho de que tener antecedentes familiares depresivos es un riesgo importantísimo de aparición de la depresión. En el caso de los niños esto se sabe que es así, pero es muy difícil determinar qué es lo que realmente está transmitido como una base genética o lo que está funcionanado como un ambiente depresivo en el niño. Una madre no solo transmite genes, sino también un cierto ambiente de falta de refuerzos, de acontecimientos negativos, de no actividad, y eso también puede ser interpretado como causa de la depresión no exclusivamente biológica.

Ya hemos visto qué es la depresión infantil y cuáles son las interpretaciones de las causas de su aparición desde muchos puntos de vista, veremos algunas cuestiones que tienen que ver con algunos de los elementos que influyen en la depresión infantil.

Entre los elementos estrictamente personales:

  1. La autoestima: Tiene una correlación negativa con la depresión: cuanta mayor es la autoestima, menor es la depresión en los niños. Por lo tanto, intentar que un niño tenga autoestima es antidepresivo. Tambien es verdad que no se puede intentar todo desde el exterior, porque hay cuestiones de tipo estructural que pertenecen a la personalidad del sujeto, que están funcionando como un potenciador: a veces los padres y el ambiente hacen las cosas bien, no hay nada que pueda ser considerado como estimulador de la aparición de la depresión y si el niño tiene proclividad, ésta aparece. Por ejemplo está el caso de:
  2. La estructura de personalidad: siempre se ha visto que los niños con alto grado de neuroticismo son también los que tienen una puntuación de depresión más alta. Los datos están en la dirección de explicar que la depresión dentro de una estructura de personalidad tendente a la inestabilidad emocional genera una cierta tendencia a desarrollar conductas depresivas.
  3. La edad de los niños: Es una cuestión que dirigida a padres tiene especial interés. Está demostrado más que suficientemente que los niños muy pequeños tienen menos posibilidades de desarrollar una depresión. Vamos a presentar dos rangos de edad: de 9 a 10 años y de 14-15 años: siempre los niveles de depresión suelen ser más altos en la pubertad. Los niños que están en esta etapa de la vida tienen una situación emocional, social, personal, sexual, de necesidad de independencia que les genera una remoción muy profunda de todos sus esquemas previos. Y naturalmente no sólo la depresión: la mayor parte de las patologías infantiles tienen un pico, una subida impresionanate en la pubertad precisamente porque es una época de modificaciones. Todas las épocas de cambio son malas tanto para los adultos como para los niños. En la pubertad se acumulan el mayor número de cambios posibles. Quizá nunca a lo largo de nuestra vida volvamos a tener una época de crisis de cambios tan grandes como en esa etapa.
  4. El sexo o género de los niños: Es otro factor de riesgo para establecer una reacción de tipo depresivo. Así como la agresión y la inadaptación social son características de los varones, la depresión es una perturbación muchísimo más frecuente en las niñas. Es decir, que si tienen hijos varones es más infrecuente que puedan tener un caso de depresión que si tienen hembras. Eso siempre es así. Sobre todo, estas diferencias aparecen en la pubertad. Mucha gente quiere ver en esto un dato más para decir “ven ustedes, la depresión tiene que ver con aspectos de tipo biológico”, puesto que antes de los 12 ó 13 años es muy infrecuente encontrar diferencias significativas entre los niveles de depresión de los niños y de las niñas, pero a partir de esos años es muy frecuente. Para muchos, es la testosterona la que está produciendo esas diferencias frente a las hormonas femeninas. Eso se puede leer así, pero todo el mundo sabe también que ser adolescente consiste en entrar en el juego de los roles sociales que se dan más diferencialmente perfilados. Por lo tanto, tanto aspectos biológicos como sociales están funcionando en de la pubertad de una manera muy violenta, y no se puede interpretar unilateralmente un dato de esta naturaleza.

Relación de la familia con la aparición de la depresión infantil:

Dentro de la estructura familiar hay 2 ejes centrales:

  1. Cómo se regula la familia: es decir, las leyes, las reglas, las normas de convivencia: (CONTROL).
  2. Cómo se comunica la familia: es decir, si hay o no un adecuado lazo afectivo entre los miembros que constituyen una familia: (AFECTIVIDAD)

Estos lazos afectivos serían lo que se llama cohesión; los niños que disfrutan de un alto grado de este factor tienen unas puntuaciones significativamente menores de depresión.

En cuanto al punto 1, la regulación de la familia, es importante señalar que las reglas, si son muy duras, son malas. Y si son inexistentes también. Y para todo, no solo para la depresión en el niño, sino para su adaptación social. Parece ser que lo más adecuado de la legislación familiar es que sea flexible. En todos los estudios sobre niños en relación con cualquier patología aparece que la calidad de las relaciones de los padres y de los hijos tienen una influencia muy grande: las malas relaciones aumentan los niveles de problematicidad, naturalmente también los de depresión, y las buenas los bajan. Esto es una constante, a efectos de droga, de perturbaciones anoréxicas, de depresión, etc. Es evidente que un clima suave, armónico genera una facilitación del desarrollo armónico y un clima hostil no.

No puedo evitar mostrar una viñeta en la que se ve la suerte que es para un niño tener una familia donde sus miembros tienen una relación afectiva positiva. Unos niños hablan de lo que les han traído los reyes y dice uno a otro:

  • A mi me han puesto un ordenador, un juguete, un….etc
  • A mí, mi papá y mi mamá se han dado besos.
  • Qué suerte.

Problema de los padres divorciados: Un caso muy estudiado de problematicidad familiar es el divorcio y especialmente en el caso de la depresión. Este factor está en relación con la familia y con las perturbaciones infantiles. Las relaciones de los padres después del divorcio, si son malas, hacen que los niveles de depresión en el niño suban. Sin embargo, si son buenas, no hay diferencias entre los niños que pertenecen a familias “intactas” o rotas. Esto debe tenerse muy presente. Creo que estamos en este país en una tasa del 15% de divorcio, que ha subido respecto de años anteriores, aunque estamos naturalmente muy por debajo de los Estados Unidos que alcanza el 50%.

Los niños más vulnerables al divorcio son los más pequeños, es decir el rango de edad de 7 a 9 años es donde el impacto del divorcio parece que es mayor en relación con la depresión. Pero naturalmente puede ser también el desencadenante de otras perturbaciones infantiles.

Relación del número de hermanos con los niveles de depresión: El número de hermanos correlaciona con los niveles de depresión: a mayor número de hermanos, menores niveles, o dicho con otras palabras, tener muchos hermanos es antidepresivo. Es lógico. Aunque “muchos hermanos” en este estudio era un número superior a 2, y es difícil, porque la tasa de natalidad infantil en este momento en España está en el 1’2, con lo cual es muy complicado encontrar familias que tengan muchos hermanos. Este dato es coherente, porque el niño tiene unos niveles de socialización y de estimulación distintos en el seno familiar plural que en el de un solo hijo.

Relación de la situación del hermano con respecto a los otros: Este dato es muy curioso y aparece también sistemáticamente en todas las investigaciones. El hermano del medio es el que eleva más la sintomatología depresiva. Porque naturalmente, ni es el primero, ni es el último; al pequeño se le mima, y al primogénito se le jalea. Y el del medio es el “pobre del medio” que no parece tener ninguna de las ventajas que son habituales en el primero o el último.

Casos de los hermanos adoptados: Hay un porcentaje bajísimo, pero parece que el tener un hermano adoptado genera una remoción, un cambio afectivamente violento en las familias. Este dato eleva, más que otras muchas variables estudiadas, la sintomatología depresiva. Por lo tanto, si una familia está en trámites de adopción, tiene que cuidar mucho el cómo se introduce este fenómeno en el seno familiar, porque parece que impacta emocionalmente a los niños.

Relación del éxito escolar: Los niños que tienen unas calificaciones escolares malas tienen también mayor probabilidad de generar sintomatología depresiva. Por dos razones:

  • Porque si están deprimidos no pueden concentrarse, no tienen motivación y no estudian.
  • Porque la calificación escolar baja es un acontecimiento vital negativo, es decir que produce insatisfacción, baja autoestima y por lo tanto puede incrementar el nivel de depresión.

Es decir, que el trabajo escolar, por dos canales diferentes, puede estar conectado con el incremento de la sintomatología depresiva en los niños.

Relación con el número de alumnos en la clase: Cuantos menos niños hay en una clase, menores son las puntuaciones de depresión.

Impacto de los acontecimientos negativos en la depresión: Los niños que tienen mayores experiencias de acontecimientos vitales negativos son los que presentan unos niveles de depresión más altos. Y esto lo hemos encontrado en muchos casos, con muy diferentes muestras y distintas edades.

Todo esto que hemos visto son datos procedentes de mi investigación sobre depresión infantil en niños españoles, pero vamos a ver qué posibilidades hay de atacar el problema.

¿Qué pueden hacer las familias, los educadores y los profesionales para prevenir la depresión infantil, para generar un ambiente antidepresivo?

Amortiguadores de la depresión

Modelos de rol positivos: Si el niño ve que sus familiares, sus personas de referencia, son alegres y tienen una instalación adaptativa en el mundo, copian esos modelos. El niño imita. Hasta bien entrados los 4 años, los niños tienen un sistema de aprendizaje donde prima sobre todos los demás la imitación. Por lo tanto, es muy importante el modelo a copiar que cada adulto ofrece al niño.

Desarrollar la autoestima de un niño: Consiste en hacerle seguro de sí mismo, no criticarle en exceso. Todos los niños hacen cosas mal, a todos los niños hay que corregirles; pero una cosa es decirle a un niño “haz esto de esta manera” y otra es “eres un desastre, no haces nada bien”. Hay maneras de crítica que son constructivas, y otras que son destructivas, y uno debe saber que la crítica tiene como meta mejorar la ejecución del niño, y no actuar como una bomba bajo la línea de flotación y hundirle.

Desarrollo de la autoeficacia: Una persona debe saber resolver problemas, saber aceptar los retos que tiene, (cada persona, cada niño los tiene). Yo siempre digo que los problemas son del tamaño de la persona que los experimenta. Cuando un niño nos cuenta un problema, nosotros debemos saber que para él eso es un problema realmente y no decir “bueno, como eso no es un problema para mí…el problema es pagar a Hacienda”. Pues no: pagar a Hacienda, es un problema para usted, que tiene un determinado mundo y una cierta actividad. Pero para un niño, que le hayan dicho “no te adjunto” en el colegio, es un problema grandísimo. Los adultos intentamos “sonreír” ante ese problema que es poco importante para nosotros, y decimos que no tiene relevancia. Pero para un niño tiene la importancia de su tamaño relativo.

Por tanto, el niño debe tener los registros de competencia para resolver sus problemas, que en un caso son resolver una suma o bien cómo evitar que se burlen de él en el colegio. Y esos son los niveles de autoeficacia que debe alcanzar el niño. Apoyar pero no resolver los problemas los problemas de los niños es un equilibrio que hay que aprender.

Relaciones de apoyo: Que le pueden dar sus personas de referencia, como pueden ser sus amigos, o sus maestros.

A) Generar esperanzas de futuro: Hay una cierta tendencia, que puede verse en la prensa y en la televisión, a maximizar las cuestiones negativas y las cosas que pueden suceder en el futuro. A veces los niños sensibles se aplastan ante cosas a las que los demás no damos importancia. B) Incrementar las habilidades sociales de un niño es muy importante porque si no sabe resolver sus relaciones con los demás niños, naturalmente sus fuentes de satisfacciones decrecen mucho. La exposición al niño paulatinamente en cada nivel de edad a sus contactos sociales, hace que el niño tenga una facilitación de esa actividad.

Si analizamos todos estas actividades, todas ellas van encaminadas en cierta medida a encontrar que el niño tenga, por razones de comodidad afectiva, buenas relaciones con los demás y habilidades para interaccionar con el mundo circundante, como puede ser la autoeficacia, dos instrumentos: una seguridad interna, la estabilidad afectiva y otra es una seguridad externa, que es cómo manejar el mundo. Si nosotros somos capaces de dar al niño esos dos instrumentos o facilitarle su adquisición, digamos que en cierta medida estamos haciendo una prevención de la depresión infantil.

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