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Carácter difícil

“El niño de carácter difícil” (link) es el título de una obra ya clásica en psicopedagogía y una preocupación de muchos padres cuando su primer hijo cumple los 3 años.

La crisis de los tres años, también llamada crisis de la personalidad urge al niño a tomar conciencia de sí mismo frente al mundo con una palabra “no”. Es una crisis de oposición. Y cuanto más precoz sea el niño, cuanto más inteligente, mas padecerá esa crisis.

Es normal que un niño no sea siempre fácil. Los psicólogos están de acuerdo en que las personalidades se fraguan en la oposición. Y son necesarias para el crecimiento. Siempre que no se encadenen una detrás de otra. Siempre que no sean excesivas en intensidad. Sin solución de continuidad. Sin reposo para padres y educadores.

¿Pero es normal?, preguntan desconsolados los padres.

Es preciso y conveniente recordar que la normalidad es una zona amplísima en la psicología infantil primaria. Pero sobre todo recordar, que ese niño que está en pleno desarrollo de su primera etapa infantil, está adquiriendo el concepto de sí mismo, la germinal almendra en el desarrollo de su personalidad, la clave de su seguridad, la palanca en su motivación personal, en el reflejo que de él emitan sus padres y educadores.

Si lo miran constantemente como un bicho raro y difícil que les atormenta los días y las noches, se terminará convirtiendo en ese bicho raro y difícil. Pues es determinante la mirada de los padres y educadores en el concepto que cada uno tenemos de nosotros mismos. Por eso en educación es más importante el elogio que la reprimenda.

Recuerden ese clásico experimento de hacer un test de inteligencia en una clase con niños de seis años y totalmente al azar, sin tener relación alguna con los resultados del test, explicar muy seriamente a sus profesores que A,B y H son los niños más inteligentes de la clase, que son fuera de serie. Repetir ese mismo test dos años después. Y constatar como esos niños marcados por el azar obtienen mejores puntuaciones que la media. Experimento que sirve para comprobar el peso de la mirada de los profesores sobre sus alumnos.

¿ Qué grado de relación obtendría el experimento si se realizara con los padres? Mucho mayor aún. Aunque solo fuera por este motivo, sería conveniente ser un poco más optimistas, y sobre todo no colgar un cartel al niño ya desde los tres años. “Este es el travieso”, “el malo”, “el movido”.

Y menos aún en comparación con su hermanito menor: “Este el bueno”, “el simpático”, “el gracioso”.

La imagen que nos formamos de nuestros hijos emana de nuestros temores tanto como de nuestros deseos, no se conforma por ser la precisa imagen del comportamiento de los niños estudiada a la luz de la razón en el marco psicológico trazado por su edad.

No se debe dramatizar un comportamiento en un niño de tres años.

Primero porque no existe maldad en un niño de esa edad, pues no existe “pleno conocimiento”, luego está fuera de lugar el decir: “eres malo”.

Segundo, el niño crecerá y en la mayoría de los casos ese “no” de oposición constante, pasará. Un poquito de paciencia. Y un mucho de esperanza.

Y tercero, el espíritu crítico que empleamos para juzgar el comportamiento de nuestro niño sería conveniente aplicarlo al nuestro propio, y preguntarnos ¿lo estaré haciendo bien como educador? Dado que no es fácil ser padres, que el niño nace sin manual ni instrucciones de uso, pregunte a los expertos. Aunque hay quien dice que el consejo rara vez es bien recibido, pues quien mas lo necesita es el que menos lo desea.

Existen padres que estiman tener siempre razón, el mal procedería de la mala voluntad de sus hijos ¿pero con tres años cabe pensar en que se tiene mala voluntad? ¿de donde procede esa mala voluntad? No se trata de buscar culpables, menos de endosar al cónyuge contrario la responsabilidad del comportamiento nefando de nuestro hijo, en educación se trata sencillamente de mejorar, de intentar hacer “lo mejor posible”, según decía Julián Marías, ser persona es poder ser mas.

El niño difícil es aquel que tiene dificultades, y merece nuestro apoyo, sobre todo nuestro amor, por mas que su comportamiento nos haga también a nosotros como padres la vida más difícil y también necesitemos nosotros apoyo y comprensión. Por desgracia las dificultades mutuas no hacen mas que reforzarse mutuamente.

Para salir de esa pescadilla que se muerde la cola en círculo vicioso, no cabe más que pedir a los mayores, esto es a los padres, comprensión: que entiendan que ellos son, somos, inductores y los niños de tres años inducidos.

Somos pues los padres quienes tenemos que cambiar, por lo menos de perspectiva, para modificar el proceso. Las reacciones de los padres tienen una influencia decisiva, son determinantes en la forma en que los hijos reaccionan en los procesos de crisis. Y aún mas en ésta primera de oposición.

Mucho cariño, mucho elogio cuando se obra bien. Momentos de silencio cuando el comportamiento es equivocado. Paciencia y perseverancia.

Es una responsabilidad y un mérito de los padres el saber sacar provecho de las crisis para crecer todos juntos como familia.

Bibliografía

  • * El niño de caráter difícil. André Berge. Ed. Morata. Madrid 1972.

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