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Método Doman

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Si necesita un sitio para aprender el Método Doman de Lectura, nada mejor que acudir a la página web que la Junta de Extremadura pone al alcance de todos. Aquí.

Glenn Doman era un fisioterapeuta cuyo maestro fue el famoso doctor Temple-Fay (1895-1963). Doman junto con Carl Delacato, psicólogo fundaron un método para mejorar el rendimiento cerebral.

Utiliza patrones básicos de movimiento:

  • Patrón homolateral.
  • Patrón cruzado.
  • Técnicas de relajación de extremidades.
  • Ejercicios de arrastre y de gateo.
  • Ejercicios de braquiación y de marcha.
  • Ejercicios de suspensión cabeza abajo, etc..

El Dr. Glenn Doman, médico estadounidense, comenzó a dedicarse al tratamiento de los niños con lesiones cerebrales con el neurólogo Temple Fay. Utilizaba sus métodos, basadas en movimientos progresivos, muy eficaces tanto en áreas motrices como en áreas más intelectuales. Se centraban en el trabajo con los reflejos, fundamentalmente con niños con parálisis cerebral.

Al observar los progresos que se conseguían en estos niños, Doman decide trasladar sus conocimientos al resto de los niños, de manera que se potenciara su capacidad de aprendizaje. Elabora su teoría acerca del desarrollo cerebral, un Perfil del Desarrollo Neurológico y sistematiza una labor educativa, estructurada mediante programas secuenciados, con métodos precisos y eficaces.

Los Institutos para el Desarrollo del Potencial Humano en Filadelfia (EEUU), celebran este año el 50 aniversario, iniciando lo que Doman y sus discípulos han llamado, una “Revolución Pacífica”.

La gente que trabajaba en el Instituto para el Desarrollo del Potencial Humano deseaba disponer de un instrumento para medir objetivamente los progresos de los niños con lesión cerebral con los que trabajaban. Tras estudiar el proceso de desarrollo neurológico de niños de diversas sociedades, elaboran una escala del desarrollo neurológico.

Esta escala permite “medir” el grado de desarrollo del niño, para fijar los objetivos. Parten de la premisa de que las diferencias entre unos niños y otros se deben fundamentalmente al ambiente, ya que al nacer todos los niños tienen el mismo potencial.

El Perfil del Desarrollo Neurológico mide, por un lado, el desarrollo de los estratos cerebrales, es decir, señala las funciones propias de la médula espinal, el tronco cerebral, el cerebro medio y la corteza cerebral. De este modo, es posible trabajar de forma sistemática y ordenada y conocer los objetivos del niño en cada una de las áreas evolutivas a partir del nivel alcanzado.

Además, diferencia las áreas y funciones sensoriales de las de carácter motor, ya que las primeras son vías aferentes (recorridas por el estímulo para llevar información al cerebro) y las segundas son eferentes, es decir, salen del cerebro para dar la orden de movimiento al cuerpo.

Según este perfil, las áreas motoras son la movilidad, el lenguaje y la destreza manual. La movilidad es la clave o el motor del desarrollo de la inteligencia en todas sus expresiones, e incide determinantemente en las demás áreas, al igual que ocurrió en la evolución de las especies hacia estructuras y funciones cerebrales más y más complejas y perfeccionadas.

Según esta teoría, el grado de perfección que se logre depende en gran medida de que esas funciones básicas se consigan cuanto antes, cuando mayor es la plasticidad cerebral.

Las teorías sobre las que se fundamenta su método de enseñanza son:

  • Todas las patologías, incluso el síndrome de Down o el Autismo, conllevan una lesión cerebral, como ocurre en la parálisis cerebral.
  • Los niños con lesiones cerebrales no se deben clasificar por su gravedad, sino por su potencial de desarrollo.
  • El aprendizaje y la maduración de los niños vienen como consecuencia de la experimentación espontánea de una serie de esquemas. Su repetición hace que al final se consoliden estos patrones de movimiento y actuación. Los niños que no experimentan esto de un modo espontáneo deberán ser guiados y expuestos a los mismos estímulos para que se desarrollen adecuadamente.

Su metodología de intervención se basa en aprovechar al máximo las posibilidades del individuo, siendo fundamental el momento temprano en que se comienza, ya que más adelante no se conseguirán muchas metas.

Los padres se convierten en “padres profesionales”, ya que son ellos quienes deben aplicar, con la tutorización del profesional, el método a su hijo. Este método exige la repetición de las diversas actividades durante varias veces al día, lo que se traduce en horas de intervención diarias. Además, es muy estricto en cuanto al cumplimiento de estas rutinas. Por ello el padre o madre que decide aplicar el método, debe comprometerse seriamente con él.

Además del área motora, tiene sus propios métodos de enseñanza de la lectura (global), del cálculo, y de otras áreas. Así, casi todos sus aprendizajes se desarrollan por el método de los bits de inteligencia (como en los ordenadores o computadores, el bit de inteligencia es la máxima cantidad de información que puede ser procesada a la vez en un segundo). Las palabras, los números, las láminas de animales… son enseñadas a los niños en grupos de 10, varias veces al día (3 o 4 veces) y cada lámina se le muestra durante un segundo. El niño al final acaba reconociendo la lámina, ya sea un dibujo, una palabra, un cuadro o un conjunto de puntos.

Aunque algunos de sus postulados arriba indicados son aceptados por toda la comunidad científica, hay aspectos importantes que son muy cuestionados como son:

  • El exceso de control horario por parte de los padres.
  • La simplificación de sus propuestas científicas,
  • Su afán por abarcar toda la compleja patología del desarrollo dentro de unas rígidas coordenadas,
  • El rigor de su metodología que obliga esfuerzos considerables a la familia.

Así, el método Doman fue rechazado por la Academia Americana de Pediatría en 1968, 1982 y 1999.

Además, la Academia Americana de Pediatría comenta que tras diversos estudios comparativos, no se han observado diferencias significativas en los avances conseguidos por los niños que seguían este u otro método de estimulación.

El método Doman de lectura

Sobre la importancia de la lectura

LEER es una de las funciones más elevadas del cerebro humano. Es además una de las funciones más importantes de la vida, dado que prácticamente todo aprendizaje se basa en la habilidad para leer.

Leer bien ha sido y será siempre garantía de éxito en los estudios y en la vida de cualquier persona. La lectura eficaz es la plataforma imprescindible en la que se apoya el éxito de las personas y una excelente vacuna contra el aburrimiento.

Existe la queja generalizada de maestros y profesores de que los estudiantes entienden poco de lo que leen. Creemos que la introducción del método de lectura de Glenn Doman en edades tempranas favorecerá extraordinariamente la renovación de esta vital actividad pedagógica.

La increíble historia de Tommy

Del libro: “Cómo enseñar a leer a su bebé”. Glenn Doman

Tommy era el cuarto niño de la familia Lunsky. Los padres no habían tenido una gran educación y habían trabajado mucho para mantener a sus tres hijos normales. En la época en la que Tommy nació, el señor Lunsky tenía su propio bar y les iba mejor.

Sin embargo, Tommy nació con daño cerebral severo. Cuando tenía dos años lo admitieron para hacerle un examen neurológico en un buen hospital en Nueva Jersey. El día en que dieron el alta a Tommy, el jefe de neurocirugía tuvo una conversación sincera con el señor y la señora Lunsky. El doctor les explicó que los estudios mostraban que Tommy era un niño que únicamente tenía vida vegetativa, que nunca caminaría o hablaría y que, por consiguiente, debería ser ingresado en una institución de por vida.

Toda la determinación polaca del señor Lunski reforzó la testarudez norteamericana cuando puso de pie su gran cuerpo, se ajustó su gran cinturón y dijo: “Doctor, está usted completamente confundido. Se trata de nuestro hijo”. Los Lunski se pasaron muchos meses buscando a alguien que les dijera que eso no tenía que ser necesariamente así. Todas las respuestas fueron iguales.

Cuando Tommy cumplió tres años, ya habían encontrado al doctor Eugene Spizt, jefe de Neurocirugía del Hospital Infantil de Filadelfia.

Después de hacer minuciosos estudios neuroquirúrgicos, el doctor Spitz les dijo a sus padres que aunque Tommy tenía un daño cerebral severo, quizá se pudiera hacer algo por él en un grupo de instituciones en una zona de las afueras llamada Chesnut Hill.

Tommy llegó a los Institutos para el Logro del Potencial Humano cuando tenía tres años y dos semanas. No podía hablar ni moverse. Su lesión cerebral y los problemas resultantes fueron evaluados en los Institutos. Se le prescribió un tratamiento que reprodujera la pauta de desarrollo de crecimiento normal en niños sanos. Se formó a los padres en cómo llevar a cabo este programa en casa y se les dijo que si lo cumplían escrupulosamente Tommy mejoraría mucho. Debían regresar en sesenta días para una reevaluación y, si Tommy mejoraba, para una revisión del programa.

No había duda que los Lunski seguirían el programa estricto. Lo siguieron religiosamente.

Cuando regresaron para la segunda visita, Tommy podía gatear.

Ahora los Lunski abordaban el problema con la energía que da el éxito. Estaban tan decididos que cuando su coche se estropeó de camino a Filadelfia para la tercera visita, sencillamente se compraron un coche de segunda mano para atender la cita. No se podían resistir a contarnos que Tommy podía decir ya sus dos primeras palabras, “Papi” y “Mami”. Tommy tenía ahora tres años y medio y podía gatear con las manos y las rodillas. Entonces su madre probó algo que sólo una madre intentaría con un niño como Tommy. De la misma manera que un padre compra un balón de fútbol para su hijito, la madre compró un libro con el abecedario para su hijo de tres años y medio con lesión cerebral severa que sólo decía dos palabras. Tommy, decía ella, era un niño muy brillante, independientemente de que pudiera hablar y caminar. Cualquiera con un poco de sentido común podía verlo simplemente mirándolo a los ojos.

Si bien por aquel entonces nuestros tests de inteligencia para niños con daño cerebral eran mucho más complejos que los de la señora Lunski, su precisión era parecida. Estábamos de acuerdo en que Tommy tenía una buena inteligencia, pero enseñar a leer a un niño de tres años y medio con lesión cerebral severa, eso era otra historia.

Prestamos muy poca atención cuando la señora Lunski nos comentó que Tommy, por entonces ya con cuatro años, podía leer todas las palabras en el libro del abecedario con más facilidad de lo que podía leer las letras. Nosotros estábamos más preocupados y complacidos con su habla, que progresaba de forma constante, así como con su movilidad física.

Cuando Tommy tenía cuatro años y dos meses, su padre nos informó que el niño podía leer un libro que se llamaba Huevos verdes y jamón, del doctor Seuss. Sonreímos educadamente y anotamos lo meritoriamente que el habla y el movimiento de Tommy estaban progresando. Cuando Tommy tenía cuatro años y seis meses, el señor Lunski nos informó que Tommy podía leer todos los libros del doctor Seuss. Anotamos en la ficha que Tommy estaba progresando maravillosamente y que el señor Lunski “decía” que Tommy podía leer.

Cuando Tommy vino para su decimoprimera visita, acababa de cumplir cinco años. Aunque tanto nosotros como el doctor Spitz estábamos encantados con los fabulosos avances de Tommy, nada indicaba que iba a ser un día tan importante para todos los niños. Es decir, nada, excepto el insensato informe de siempre del señor Lunski. Tommy, nos informó el señor Lunski, ahora podía leer cualquier cosa, hasta el Reader’s Digest, e incluso podía comprenderlo, pero es que además había empezado a hacerlo antes de cumplir cinco anos.

Nos libramos de tener que comentar esto porque llegó el cocinero con nuestra comida (un zumo de tomate y una hamburguesa). El señor Lunski, dándose cuenta de nuestra falta de respuesta, tomó un trozo de papel de la mesa y escribió: “A Glenn Doman le gusta beber zumo de tomate y comer hamburguesas” .

Tommy, siguiendo las instrucciones de su padre, leyó esto fácilmente y con las entonaciones e inflexiones adecuadas. No vaciló como los niños de siete años, que leen cada palabra por separado sin comprender el sentido de la frase. “Escriba otra frase”, dijimos pausadamente. El señor Lunski escribió: “Al papá de Tommy le gusta beber cerveza y whisky. Tiene una barriga grande y gorda barriga de beber cerveza y whisky en la taberna de Tommy”.

Tommy sólo había leído las tres primeras palabras en voz alta cuando se empezó a reír. Lo curioso era que la barriga de papá estaba en la cuarta línea, ya que el señor Lunski escribió letras grandes.

Este niño con lesión cerebral severa estaba leyendo en realidad mucho más deprisa de lo que pronunciaba a su velocidad normal de conversación. ¡Tommy no solo estaba leyendo, estaba leyendo deprisa y su comprensión era evidente!. Se nos quedó cara de tontos. Nos giramos hacia el señor Lunski.

“Les he estado diciendo que puede leer”, dijo el señor Lunski.

Después de aquel día ninguno de nosotros volvió a ser el mismo, pues esta era la última pieza del puzzle que se había estado encajando durante más de veinte años.

Tommy nos había enseñado que un niño con lesión cerebral severa puede aprender a leer antes de lo que suelen aprender los niños normales.

Tommy, por supuesto, fue inmediatamente sometido a todo tipo de pruebas por un grupo de expertos que vinieron de Washington para este tema la semana siguiente. Tommy -un niño con lesión cerebral severa y cinco años- podía leer mejor que la media de niños normales con el doble de años y con una comprensión total.

Cuando Tommy tenía seis años caminaba, aunque esto era relativamente nuevo para él, y aún temblaba un poco y leía a nivel de sexto grado (nivel de un niño de once a doce años). Tommy no iba a pasar el resto de su vida en una institución, pero sus padres estaban buscando una escuela “especial” en la que matricular a Tommy el próximo septiembre. Es decir, especialmente alta, no especialmente baja. Afortunadamente, ahora hay algunas escuelas experimentales para niños “superdotados” excepcionales. Tommy ha tenido la dudosa “dote” de una lesión cerebral severa y la indudable dote de unos padres que lo quieren a rabiar y que creyeron que por lo menos un niño no estaba utilizando todo su potencial.

Finalmente, Tommy sirvió de catalizador de veinte años de estudio. Tal vez sería más preciso decir que fue el detonador de una carga explosiva que se había estado fortaleciendo durante veinte años.

Lo fascinante era que Tommy deseaba leer y que lo disfrutaba tremendamente. Asegura Doman que la verdadera causa por la que los niños pequeños no aprenden a leer es por el tamaño de la letra.

El problema es que hemos hecho la letra demasiado pequeña.

El problema es que hemos hecho la letra demasiado pequeña.

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