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El método Fay

El Instituto Fay abrió sus puertas en España en enero de 1995, justo en el centenario del nacimiento del médico al que deben su nombre: el neurólogo y neurocirujano estadounidense Temple Fay, quien a principios de los años 30 inició una nueva escuela de pensamiento con el concepto angular de “organización neurológica del ser humano”.

En una entrevista con Carlos Gardeta, director de Institutos Fay para la Estimulación Multisensorial, se explica el método.

Fay pensaba que los niños con lesión cerebral grave no reciben los estímulos suficientes como para que su cerebro realice determinadas funciones.

Y estableció que si se varía convenientemente la intensidad, frecuencia y duración de los estímulos que recibe un lesionado cerebral se genera una red de conexiones neuronales suficiente para que las función pueda tener lugar. Es decir, que a través de la estimulación multisensorial sostenida es posible restablecer las conexiones neuronales -las vías de información- que se perdieron a causa de la lesión cerebral sin importar qué la produjo.

¿Cómo conoció el Método Fay?

Fue fruto de mi búsqueda casi desesperada de algo que mejorara el estado de mi segundo hijo, lesionado cerebral grave a causa de una infección prenatal. Me enteré de que en Filadelfia (Estados Unidos) existía el Instituto para el Desarrollo del Potencial Humano que dirigía Glenn Doman, discípulo del doctor Temple Fay. Nadie te enseña a educar a tus hijos pero menos cuando vienen “dañados”. Y como no tenía nada que perder y sí mucho que ganar decidí seguir el programa de este instituto.
A los seis meses de empezar el programa mi hijo había mejorado su estado. Cuando nació nos dijeron que no sería capaz de hacer nada. Hoy sigue haciendo su programa de estimulación y es capaz de caminar, comprender, hablar y muchas otras cosas que nadie imaginaba que pudiera llegar a hacer.

Y los buenos resultados con su hijo le llevaron a pensar en otras familias…

Así es. Bueno, eso y el hecho de que el tratamiento de mi hijo costaba unos tres millones de pesetas anuales pues incluía el viaje a Filadelfia a donde estuve yendo durante casi siete años. Pensé que no muchas familias españolas con niños lesionados cerebrales se podía permitir un tratamiento que, según yo mismo podía comprobar en mi hijo, daba buenos resultados a largo plazo y de forma sencilla. Así que, poco a poco, fui convenciendo a distintos profesionales ya formados a unirse al proyecto (psicólogos, médicos, fisioterapeutas, biólogos…) o a irse a formar a Filadelfia. Y a principios de 1995 pudimos abrir las puertas del Instituto Fay para la Estimulación Sensorial en Madrid, que se fundaron para que este tratamiento esté al alcance de cualquier familia española con unos ingresos medios. Desde entonces hemos intervenido en más de 600 casos y en estos momentos tratamos a 150 niños y adultos de lesión cerebral grave, síndrome genético o coma, y a 50 con retraso educativo. ¡Ah! Y el coste del tratamiento se ha reducido considerablemente.

¿Qué tipo de casos están tratando actualmente?

Pues, básicamente, los dividimos en cuatro bloques: el primero engloba a niños y adultos que han sufrido una lesión cerebral grave por diferentes causas. El diagnóstico sintomático puede haber sido parálisis cerebral, retraso psicomotor, autismo, hemiplejia, tetraplejia, hiperactividad, hidrocefalia, coma, etc.
Otro segundo grupo es el de los niños y adultos afectados por síndromes genéticos que inciden en la capacidad de su cerebro para organizarse adecuadamente. Son las personas con Síndrome de Down o Cromosoma X frágil, entre otros.
También tratamos a un tercer grupo de niños, adolescentes y adultos con una organización neurológica no lo suficientemente potente como para seguir la demanda creciente del sistema educativo y que son diagnosticados de problemas de aprendizaje, adaptación, dislexia, hiperactividad, trastornos del lenguaje, retraso escolar, etc. Por último, obtenemos espectaculares resultados con niños de corta edad totalmente normales y perfectamente dotados a los que sus padres quieren desarrollar una potente y temprana organización neurológica y un conocimiento enciclopédico.

¿Cómo podría definirse la actividad de los Institutos Fay?

Somos organizadores neurológicos. Analizamos cómo se desarrolla la persona y tratamos de llevarla a la perfección o a su potencial humano máximo.
Identificamos cuál es el alcance de la lesión y delimitamos su edad neurológica (sensorial y motora) para saber en qué nivel de desarrollo funcional se encuentra y poder establecer el programa más adecuado. Después comenzamos a estimular el área del cerebro que comprendemos está desorganizada. La intervención temprana es crucial pues hay que tener en cuenta que la plasticidad del cerebro comienza a decrecer a partir de los 6 años de vida. Por tanto, obtendremos mayores logros más rápidamente si comenzamos el tratamiento tras el nacimiento que si lo iniciamos a los 8, 12 o 20 años de vida del chico/a.
Mientras recorremos las instalaciones del centro, Carlos Gardeta nos presenta a los miembros de su equipo y nos cuenta qué ocurre desde el momento en que una familia les llama:

Lo primero que hacemos es explicarles la importancia de seguir lo que llamamos un “curso para padres”, que se imparte en nuestro centro y que les servirá para entender mejor qué es lo que le ocurre a su hijo a familiar. Terminado el curso, la familia puede solicitar una visita, que durará 2 días completos para los casos de lesión cerebral grave y sólo uno en el resto de los casos.
Cuando se confirma la visita, la familia de enviarnos los informes médicos, psicológicos, escolares u otros que puedan ser pertinentes al caso además de una carta- informe elaborada por los propios padres y, preferentemente, por la madre.

¿Por qué por la madre?

Porque normalmente es quien pasa más tiempo con el niño y ella puede arrojar luz sobre detalles que de otra manera pasarían desapercibidos. El primer día de visita comprende todos los estudios de valoración del caso. Hacemos una valoración del caso. Hacemos una valoración exhaustiva del estado fisiológico y del nivel funcional delas áreas neurológicas integradoras de los sentidos. Lo que hacemos durante esta primera visita es delimitar las causas, áreas afectadas y extensión de la desorganización funcional neurológica mediante el denominado Perfil evolutivo de la organización neurológica del ser humano elaborado inicialmente por el fisioterapeuta Glenn Doman y el psicólogo Carl Delacato en los años 60, mejorado en 1995 en nuestra institución, y hacemos una evaluación funcional no invasiva de la afectación.

¿Evaluación no invasiva?

Me refiero a que no usamos aparatología. Nos vamos en la observación y en la realización de diferentes tests funcionales. Observamos al niño y vemos dónde falla. Así sabemos qué área cerebral está desorganizada.

Y, una vez hecha la evaluación, ¿cuál es el siguiente paso?

Contamos a los padres lo que hemos hallado y les explicamos una estrategia de organización y unos programas de estimulación, rutinas enlazadas que forman el programa particular de organización para cada caso en concreto y que proponemos a cada familia.

Es decir, que son los padres los auténticos terapeutas de sus hijos.

Eso es, aunque siempre están asistidos por nuestro equipo. Durante los 6 meses de programa la familia es tutorizada en persona o telefónicamente al menos una vez cada 6 semanas por un miembro del equipo asignado como su tutor. A los 6 meses la persona vuelve a ser evaluada y se diseña un nuevo programa en función de los resultados obtenidos. Son muchos los casos en los que se ve una aceptable mejoría en el transcurso de esos pocos meses.

¿Y cuál es el objetivo final de Institutos Fay?

Pues un objetivo sencillo y complejo a un tiempo: pretendemos que todos los niños y adultos que están en programa lleguen a leer a su nivel de edad, a comprender a su nivel de edad, a diferenciar mediante los sentidos objetos de características muy similares, a ser capaces de solucionar cualquier desafío físico a su nivel de edad, a hablar con un vocabulario y una gramática adecuadas a su edad, a escribir como corresponde a su nivel de edad, etc.
Es decir, el objetivo global es que lleguen a la normalidad, a ser uno más entre los demás componentes de su grupo de edad en el menor tiempo posible,
No importa si la persona es ciega, muda, completamente inmóvil o si tan sólo tiene problemas de aprendizaje.
No importa cuál sea su diagnóstico. El objetivo es el mismo.
A menudo no alcanzamos todas las metas pero en la mayoría de los casos logramos mucho más de lo que sus padres o algunos profesionales hubieran soñado. Y creo que eso justifica todos los esfuerzos.

Instituto Fay: (+34) 91 740 02 03

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