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El profesor perfecto

Para saber más

La escuela alimentaba en los niños un hambre mas esencial para el niño que para el hombre, que es el hambre de descubrir. En algunas clases les enseñaban sin duda muchas cosas, pero un poco como se ceba a un ganso. Les presentaban un aliento ya preparado rogándoles que tuvieran a bien tragarlo. En la clase del autentico profesor sentían por primera vez que existían y que eran objeto de la mas alta consideración: se les consideraba dignos de descubrir el mundo”. Esto escribe Albert Camus en “El primer hombre”, una descripción perfecta del papel del educador, que mas que impartir lecciones y exigir memorización de conocimientos, desea despertar en los alumnos el ansia de aprender, de descubrir, de saber. El ansia de formar personas con criterio propio que no repiten palabras, si no que buscan tener palabra propio, pensamiento propio y libertad interna para expresarlas con corrección y seguridad.

El profesor debe ser como decía Unamuno un “agitador de espíritus”, un provocador de conocimientos, un agricultor de palabras, un jardinero de ideas.

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